miércoles, 18 de agosto de 2010
Desamor
En un arrebato de sinceridad, yo me autoconfieso con todo el dolor de mi alma. Por un momento me arrepiento de formar parte de tu mundo, de ser esa variable impredecible e ilógica que escapa a tu control y entra en conflicto dentro de tu sistema ortodoxo. Pertenecemos a mundos radicalmente opuestos, eso es innegable. Jamás podrás abstraerte tanto como para dejar de ceñirte a mi ser material y comprender que lo que trato de plasmar en palabras, es realmente a mí misma. No tendría que hacerlo si no tuviera que justificar continuamente mis actos, mis decisiones, mis inquietudes y ponerles orden para explicártelo. Nunca llegarás a conocerme mejor que yo a mí misma, es algo que he ido aprendiendo con el tiempo. Somos puntos de vista distintos. El problema es que yo puedo llegar a entender el origen del tuyo, y tú subestimas los principios y valores en los que me baso para formar el mío. Y todo esto, en resumen, genera desconfianzas, falta de credibilidad y desengaño que intentamos disimular con un exceso de pasión muda monótona. Pero pese a todo, sé que te quiero porque intento justificar estos renglones pensando que es producto de la frustración que me provoca el que me lleves la contraria, porque he empezado a otorgarte el beneficio de la duda respecto a mi realidad, y a cuestionarla. No se trata de quién lleve la razón o de quién tenga la culpa. Estoy cansada de este intercambio de críticas continuo, de esa manera de indagar el uno en el otro tan invasiva, tan competitiva. Cada vez me planteo más seriamente el tomarme un tiempo muerto, que al fin y al cabo, es como me veo yo sin tí: descansando en paz, aunque inherte.
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