lunes, 11 de enero de 2010

Amor por la sabiduría

Los acontecimientos siguen su esperado curso, sucediéndose previsiblemente regidos por la lógica aplastante de la probabilística rutinaria. No hay más sexto sentido que el desafiar las leyes que nos subyugan los pies a estar pegados a la tierra; y saltar, pender por un segundo en el abismo del aire mutando a pequeña isla, el cuerpo que antes era península del suelo.
Estaba sentado sobre el acantilado de una acera, observando pasar los viandantes apesadumbrados y esquivos. Tenía prisa por levantarse y echar andar, pero sólo tenía fuerzas para pestañear, y respirar como un acto movido por la inercia a restar allá, fundido.
Entonces, cansado de perder la mirada prácticamente en el vacío, torció el gesto hacia un lado para sorprender a una hormiga solitaria emprendiendo la escalada de su pantalón vaquero.
Tomándola entre el surco de las yemas de sus dos dedos, preguntose instantáneamente: "¿en qué estaría pensando?"― y la depositó encima del adoquín grisáceo; no percatándose de que el insecto era capaz de escalar en vertical a la superficie recta del arcén, pero no de descender del mismo modo. Levantose y fuérase, sin atreverse paciente, a reflexionar; palabra fácil difícil de ejecutar.
La hormiga irremediablemente, perdió el modo de tomar el regreso.
Y el mundo extraña hoy, un filósofo.

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