Divertimento reflexivo de mis iras, soporte de mis desechos estomacales, asiento de toda deducción; a ti me encomiendo en esta nocturna velada muda, rota por las dudas que merodean la existencia de mis tiernas horas. Fidelidad blanca sin ningún precio, que resiste la evacuación emergente de mis adentros integrada por compuestos heterogénos previamente ingeridos, que toman su peculiar forma de acuerdo a las leyes irrebatibles de la física. Amigo fiel de mis carnes trémulas que a ti se encomiendan enraizadas a tu fría y acojedora superficie oronda, atravesada por una hendidura marina, que es tu alma. A la orilla de ese pantano acamparía para compartir junto a ti mis días y convertirme en un sabio ermitaño pensante, sumido―como es costumbre―en la mierda. Inamovible, confesor recurrente: ya me sé la penitencia, descúbreme mis pecados.
¡Oh ave, váter!
0 ideas:
Publicar un comentario en la entrada