miércoles, 2 de diciembre de 2009
Decepción
Es de nuevo ella, amarga, tristeza de las llagas de mis manos abiertas hacia ti. Compruébalas, y húndete en ellas como un clavel enmarañándome las entrañas. Regresa siempre, estacando mi pecho y me hace parecer leve empalada en el recuerdo. Retorna en las formas más sutiles haciendo añoranzas de lo que pudo haber sido y se llevó, allá tan lejos, como el olvido. Derramo mucosas espesas que habitan en la cueva de mi garganta, provocándome las naúseas propias de lo incontenible. La ira irrita mis tensiones apagadas, arrasando la devastadora estampa que presento. El egoísmo es tan monótono que subyuga una caricia sana, tornándola en la decepción de unas espectativas basadas en esperanzas infundadas. La memoria es esa virtud biológica innata con el uso incorrecto dado, que masacra la ética individual de mi conciencia esputada. Deseo ser fauna para poder presumir de recibir el trato correcto, aunque prefiero ser flora mecida por el viento. Me conozco y me sorprendo, estoy orgullosa de ser este insecto con el que hablo y aquel horizonte al que aspiro, esta tarde que se cierra sobre mí y el mañana―que dijeron, nunca muere―para otro. Ahora tomaré la soledad entre mis brazos como nunca antes me abrazaron, para beber de sus labios sacros y sumergirme en el jondo sueño invernal de una noche de verano.
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