miércoles, 2 de diciembre de 2009

Bucodelicia

Puedo llegar a amar esas facciones que enmarcan su rostro, adorarlas una por una, mirar a sus ojos sin abrir los míos y emerger entre la espesura de sus cejas, resbalando por el tobogán de sus pestañas. Adormecerme en su color meloso de otoño infinito y ser absorta por el abismo de una pupila. Cuántos miles de segundos me detendría a admirar sobre el filo de tu nariz suave el descenso de una leve molécula de polvo descubierta por el sol. Cómo pisaría con mi boca tu mejilla en flor rosada. Porque pasearía por las sendas de tu frente vanamente perfiladas y que te infieren una gravedad simpática de la que estoy enamorada. Porque surcaría las grietas de tus labios tersos arrastrándome por ellos hasta desgarrarme la piel, sumergirme en el pantano de tu boca y absorber con mis heridas su sal; escociéndome de placer el alma. Me elevaría en un gemido reprimido hasta tu oído y allí un caracol enredaría, por cada suspiro que pierdo por tí.

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