Encontrar la paz entre la morralla religiosa de esta estirpe fundamentalmente humana, constituye un prodigio. Conquistar una idea y materializarla ya es algo cotidiano, aunque en ocasiones frustrante al moldearse en forma de criatura alienígena. Soy sencillamente, un designio fallido de la mente turbada de uno de tus congéneres. De carne de gimnasio y ocio rosa, dos características perjudiciales sin duda para el riego sanguíneo. Eso sin hablar del catálogo idiosincrático del que me he compuesto en el transcurrir de mis cortos años a través de cada una de mis edades vividas. Alcanzando ya ―albergo conjeturas sobre esto que examinaré más adelante― la senectud, soy consciente de mis delirios e improperios, propios de quien está cansado de la constante lógica matemática que rige cada acto y sus derivados de la leche.
Se trata de desempeñar una labor trascendental para la sociedad harto aburrida de lo cotidiano. Y contradigo a quien afirme la injusticia del libre albedrío. Yo soy ese bicho ovino extraño y opaco que se aventura a escapar de la manada, un quiste paralelo, una errata, un punto a parte de la pulcra masa incuestionable… asumo altruístamente dicho rol imprescindible; sencillamente porque me la pela y sé de la flaqueza de los débiles y de su búsqueda obsesiva de un chivo expiatorio diana de las miradas que les subyugan. Allá ellos, pauperrísimos abochornados.
Voy sobreviviendo con mi vergüenza rota y el pensamiento insano, acompañada por otros cuantos inconscientes solitarios de esta breve estepa abocados a sabiendas hacia la incomprensión, con experiencias únicas en el petate. Me pregunto si no seremos genios de otra época desubicados, esperpentos vagamente descritos, en vez de freaks descasillados.
Supongo que la vida no se mide por el tiempo que la convalezcas sino por la capacidad personal de cada Ser para exprimirla. Tengo menos de dos décadas y paso desapercibida sin ningún sentimiento de pertenencia, ni rasgo identificativo, ni cultura común al resto. Ni unté Nocilla ni soy una pieza de cualquier nueva generacioncilla. Finalmente seré un grumo de Colacao insoluble a la deriva entre el gentío pasteurizado.
Si es esta tu 'verdad revelada', creo que hay al menos tres caminos para el pensamiento analítico:
ResponderSuprimir1. Algo ocurre en tu cabecita que no va bien.
2. Estás teniendo verdaderas experiencias extraordinarias.
3. Procuras llamar la atención con todas tus fuerzas.
Consecuencias:
1. Necesitas reencontrarte, quizás con la ayuda de un profesional que te oriente.
2. Esas experiencias extraordinarias deberían ayudarte a evolucionar y aprender a discernir, a separar lo importante de lo que no lo es.
3. Si se trata de una petición de atención. Si necesitas ayuda, afecto, cariño, comprensión... por qué no reflexionas, te haces consciente de ello y pídelo de otra forma un poco menos rebuscada para que la ayuda pueda serte dada?
Piensa, Altheia, tú que eres la verdad revelada.
Querido admirador:
ResponderSuprimirPese a mi supuesta "necesidad" de acaparar tu atención/cariño/comprensión, sé encajar tu crítica -que espero que al haberte tomado la molestia de psicoanalizarme a través de mi lectura, sea constructiva- y te la agradezco.
Nada más allá de mi intención revelar verdad alguna; a nivel personal: no soy creyente.
La importancia que yo decido asignar a mis experiencias está sujeta a mi criterio subjetivo e individual.
No te he pedido nada, pero gracias por este gesto tan altruísta. Supongo conocerme mejor de lo que tu has supuesto.
La verdad para mí, no es más que la realidad en la que Soy.
De nuevo, gracias.